27 ago 2009
25 ago 2009
Las vistas desde la habitación de nuestra casita en Suiza eran estas. Maravilloso país, donde el silencio, el verdor y las flores le sobrecogen a uno a cada paso. Hemos pasado unos días fantásticos, recorriendo ciudades, conociendo gentes y escuchando idiomas distintos de los nuestros en cada lugar y, siempre comprobando que, al menos para mí, viajar es un placer que no se puede comparar con ningún otro. Este viaje ha sido un peregrinaje y una despedida. No creo que se vuelva a producir otro igual y, sobre todo, en la mejor compañía. Ya siento añoranza de todas las cosas maravillosas que hemos visto.
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