8 abr 2010

PUENTE

lo sujeta una tela de araña. Es macizo, colosal. Pero esa silueta que hemos visto reflejada mil veces es, desde cerca, de una delicadeza infinita. Los enormes cables de acero que lo tensan y soportan, dan sensación de fragilidad. La capacidad humana para crear cosas maravillosas es infinita. Y, lo mejor de todo: nos dan la oportunidad de cruzar por encima de un río inmenso como pequeñas hormiguitas que miran, extasiadas, a su alrededor.

BAJO LA LLUVIA

Esta es la vista que teníamos, al salir del hotel. Y esta ciudad bajo la lluvia, aún es más hermosa. Se ve limpia, fresca, con un aire de languidez que va muy bien con la frialdad de los edificios que te impiden ver el cielo. Ha sido todo tan hermoso, que creo que lo he soñado. Pero no, en mi retina y en el objetivo de mi cámara han quedado grabadas tantas imagenes como para darme cuenta de que, por muy poco tiempo, se me ha concedido un nuevo deseo. Y soy feliz, y vuelvo a dar gracias por todo lo que veo y todo lo que siento.

NEW YORK!!!!

¡Lo sabía!...Estaba convencida de que lo mío iba a ser un amor a primera vista. No encuentro palabras para describir mi emoción al encontrarme paseando por esas calles que había visto mil veces. Desde niña, tenía una imagen muy real de lo que serían los tópicos a los que se recurre contínuamente. Y, de repente, ¡ahí estaban!... la quinta Avenida, el Rockefeller, el Empire, Times Square. Y sentía que contenía la respiración, y sentía ganas de restregarme los ojos para asegurarme de que, de verdad, los tenía delante.

Ha sido increíble. Si alguna vez me pierdo, buscadme en Nueva York.