
Pasan cerca de nosotros las personas, y la vida gira a nuestro alrededor, y yo a veces me siento un poco mareada. Algunos acontecimientos, pasados, presentes y hasta futuros, merman la tranquilidad de mi espíritu. Supongo que a todo el mundo le ocurre lo mismo, pero yo empiezo a estar cansada. Necesito sentir que las raíces que siento bajo mis pies, y que tiran de mí, son firmes, que los acontecimientos que discurren en mi día a día, dejan lugar para la esperanza. Me encuentro en una encrucijada extraña, como si tuviese que elegir un camino por el que seguir, pero yo no escojo el camino, lo hacen los demás por mí. Soy como un espectador de mi propia vida, y no me gusta la sensación. Echo de menos personas y situaciones que ya pasaron y que no van a volver, y eso me hace sentir huérfana de cariño y vacía como una cáscara que necesito que alguien vuelva a llenar de esperanza y de amor. Esta está siendo una de las peores épocas de mi vida. Quiero que mi casa vuelva a estar llena de las personas a las que me han obligado a renunciar las circunstancias, quiero volver a oir las risas y las bromas que antes eran cotidianas, quiero sentirme viva de nuevo. Quizá sea mucho pedir.
Menos mal que mi querido compañero siempre está ahí, firme como una roca. Gracias sean dadas por él, que siempre será lo mejor que me ha pasado en la vida.