9 may 2012

He leído el artículo de Almudena Grandes del domingo pasado en el Pais, y no puedo por menos que copiarlo y hacerlo mío, por cuanto expresa mejor de lo que yo podría hacerlo los sentimientos que me invaden y, a veces, me ahogan, con respecto a la pérdida de dos de mis hermanos en los últimos tres años.
Quisiera haberlo escrito yo, envidio a las personas que tienen la capacidad de hacernos sentir reflejados en sus palabras, y que logran definir todos esos sentimientos de una manera tan fácil, como si no costase ningún trabajo. Yo, en cambio, me siento perdida en un mar de sensaciones que no logro expresar, siento atravesada en mi garganta la pena que a veces me hace llorar, sin que pueda contener las lágrimas, como si toda yo me fuese a deshacer en llanto. Por eso, cuando alguien pone en letras algo así, para mí lo pone también en imágenes.
Vaya por delante, que estoy sumamente orgullosa de mis hermanos. Que han sido las personas más importantes de mi vida, en un momento en que la vida diaria en España estaba tan llena de zozobra como ahora, sabían sacar de la chistera la alegría, el ingenio y la gracia de las que yo siempre carecí y que ellos derrochaban a raudales. En mi casa, como dice un primo mío: "comer no comeremos, pero reírnos..."

Ese es el recuerdo que siempre tendré de ellos: la alegría y la música. Música siempre, a veces cantada, a veces escuchada, pero siempre alrededor, como fondo de las penurias cotidianas, y los cotidianos fracasos.
Y luego, cuando se fueron buscando un porvenir mejor y unos horizontes más amplios, recuerdo el silencio, la pena de mi madre, las lágrimas...
Es muy cierto que la historia está condenada a repetirse una y otra vez, y  ahora tenemos un panorama similar al que había en este país hace cincuenta años. Pero nosotros no somos los mismos: mis hijos no son mis hermanos, les falta alegría, están demasiado preocupados por cosas que se solucionarán o no, según nos toque. No tienen la necesidad de la familia alrededor como la teníamos nosotros, se creen muy capaces y, sin embargo padecen una enfermedad que nosotros no teníamos: la necesidad de independencia. Y digo enfermedad, porque está mal planteada, mal entendida. Nosotros nos independizamos cuando llegó  el momento, pero no rompimos las amarras que nos ataban a la familia. Ellos piensan que independizarse es no contar lo que les apena, lo que les alegra o lo que les preocupa. Pueden estar junto a tí, y encontrarse a miles de kilómetros. Por eso cada vez recuerdo más a menudo una de las últimas conversaciones que tuve con mi hermana, y en la que ella me decía cuánto echaba de menos a sus hermanos. "Porque los hermanos son las personas que siempre han estado más cerca de tí, aquellos con quienes compartes recuerdos y vivencias. Los hijos son el futuro, y el futuro ya no es nuestro. Lo nuestro son los recuerdos de nuestra infancia, las personas que hemos conocido, las que hemos perdido en el camino"...
Así que hoy siento que las amarras que me atan a la vida se van soltando poco a poco, porque les he perdido a ellos, y con ellos se van mis recuerdos. Ya no hay nadie a quién preguntar: ¿Te acuerdas de aquella vez?...

El artículo se titula "AMOR ETERNO" y, una parte de él, dice así:

"Me cuesta demasiado incluso ahora encontrar las palabras justas para explicar cuánto te quería, para desentrañar la naturaleza de un amor tan fácil, tan instintivo, tan imprescindible como respuirar. Te recuerdo hablando a gritos, bebiendo, fumando, cantando, y sin embargo percibo un halo arcangélico sobre tu hermosa cabeza de fauno joven y travieso, el signo de una naturaleza mítica, bendita, capaz de atravesar las edades, tus años y los nuestros,para llegar intacta hasta el final. Porque eras luz, y siempre serás luz, porque eras alegría y lo seguirás siendo mientras yo tenga fuerza para sonreir. Tenías el poder de iluminarnos, de hacer felices a las personas que tuvimos la suerte de estar cerca de tí. No sé explicar muy bien por qué era imposible no quererte, pero soy incapaz de recordar el nombre de una sola persona que no te quisiera
Y ahora te has ido en un instante, como tú mismo anunciaste antes de morir, y te imagino disfrazado de romano, con una corona de laurel en la cabeza, partiéndote de risa mientras pagas rondas en la barra del cielo de los bares, que debe hacer esquina con el de las confiterías de tu barrio, el mío, nuestro barrio, aquellas tiendas de mármoles sonrosados y delicadas vitrinas, que últimamente echabas tánto de menos. Te has ido, y Madrid se ha quedado huérfano de tí, huérfanos nosotrosde la luz y de tu risa mientras el viento frío de esta primavera triste levanta sin piedad el polvo de las calles. Te has ido y tampoco puedo explicármelo. Esa es la condición de los amores eternos, los que existen desde el mismo momento en que nosotros empezamos a existir, porque se mezclan y se confunden con la propia vida,  con el rostro que vemos cada mañana en el espejo, con las sensaciones de la piel, con el aliento. Yo te quería tanto, desde siempre, que ahora siento que te has llevado un trozo de mí, y noto tu ausencia, pero no me importa. Quédatelo, hermano, y espérame en la barra del bar. Ve pidiéndote unas cañas y unas gambas a la plancha, como cuando eras joven y tenías toda la vida por delante".

Para Jose y Sara Domínguez, que si no hubiesen existido, el mundo habría sido un lugar en el que no habría querido vivir.

2 comentarios:

Jose dijo...

Me ha impresionado mucho la entrada. Almudena Grandes describe de forma magistral los sentimientos de una hermana, pero mas aun, me ha impresionado lo que tu has escrito, mama. Hemos vuelto de Brasil, y me he dado cuenta de muchas cosas, en esa vuelta al pasado. Una de ellas es que, efectivamente, hay seres con luz, y no todos la poseos, pero SI la podemos compartir, dejarnos envolver por ella. El primo Rafa es un ejemplo perfecto, heredeo de las mejores cosas de los Dominguez, pero esas personas estan para enseñarnos, y nosotros para aprender, aprender que la vida es mas sencilla, que de todo podemos reirnos, que las cosas mas importantes son las que no se ven ni se dicen. Evidentemente, el tio y la tia fueron dos seres de luz, y en nosotros esta esa luz, empezando por ti, mama, pero ya no puedes esperar a que ellos la saquen, eso ahora es trabajo tuyo, y los que estamos cerca de ti lo esperamos y lo necesitamos, creeme. No culpemos a los que se van de nuestra desdicha, hagamos que su vida tenga un sentido en la nuestra, aprendamos de ellos algo tan sencillo como...sonreir...

Jose dijo...

Por cierto, mama, cada vez que comparas a tus hijos con tus hermanos, cometes un error fatal. Nos ha tocado vivir una epoca totalmente diferente, ni mejor ni peor, y eso exige un examen humanistico muchisimo mas amplio. Nuestros problemas son muy diferentes, y nuestra mentalidad, tambien. El pasado es importante, pero vivir en el es cerrarse a la realidad, y pasarse la vida lamentando lo que era y no es. A nuestra generacion nos educasteis para ser reyes, y no llegamos a principes, ibamos a tener vidas maravillosas y ser personas importantisimas, y de repente... Somos personas normales... Esa desilusion pesa en cada uno de nosotros, y nos hace ver la vida como una sucesion de segundos platos. Pero creo sinceramente que, o no lo ves, o no logramos transmitirte lo que somos. En mi caso, lo creas o no, en mi trabajo me conocen por mi inagotable humor en los momentos mas horribles y negros, herencia directisima de tu familia, mama, mi ironia, mi chuleria, mi verborrea, y mi boca mas grande que la del metro, unida a esa inevitable bondad de fondo. Se que ultimamente las cosas no han ido muy bien para nosotros, pero yo no me rindo, se que podemos superarlo todo, pero tambien se que nadie va a venir a animarnos la fiesta. Mama, dejemos ya de buscar los problemas en el exterior, y miremonos por dentro, lo que nevesitamos esta dentro de nosotros, y es nuestra obligacion el trabajo de sacarlo. Te quiero muchisimo.